sábado, 7 de septiembre de 2013

Exposiciones de gráfica en Barcelona (3): Miró o la exposición discreta.



Hasta el 24 de Septiembre se puede ver en la Funcació Miró de Barcelona una muestra de la obra gráfica de Miró. No es una retrospectiva exhaustiva pero tenemos un conjunto de un centenar de obras muy poco vistas. Debido a la reciente retrospectiva de toda la obra de Miró la Serie Barcelona no está expuesta, porque lo estuvo en esa exposición.



Litografía de la muestra actual



Quedan solo 2 semanas para que acabe, y si no he ido antes a verla es porque no he visto en ningún medio publicidad sobre ella. Es una exposición que en varios aspectos cabría calificar de discreta. No tiene catálogo, ni siquiera un folleto. Unicamente cuando la visitas los textos de las cartelas y unas explicaciones generales sobre las técnicas empleadas por Joan Miró, la cronología y, lo más interesante, los talleres de gráfica a los que se vinculó Miró para la realización de sus trabajos. También hay un video en el que Miró dibuja sobre varias planchas de aluminio o de Zinc, y un folleto virtual en la web.

No permiten hacer fotos, por lo que en este caso las imágenes de esta entrada no las he hecho yo.  En el hilo conductor de la exposición se hace hincapié en el dominio progresivo que Miró alcanzó en las artes gráficas. A mi juicio esto es exagerado. Casi todas las estampas, incluidas las que están en color, responden técnicamente a un nivel de competencia inicial bastante discreto. Lapiz litográfico, aguadas, salpicaduras; Puntas secas, aguatintas y aguafuertes, e incluso alguna plancha recortada o posiblemente agujereada, que si destacan es por su espontaneidad , por la decisión que transmiten en su ejecución y por la sensibilidad en el color, el trazo y la composición propias del artista en toda su obra. La estampación, de talleres profesionales, es por supuesto impecable, aunque el paso del tiempo ha hecho que muchos de estos trabajos envejezcan lamentablemente. Las primeras estampas datan de 1938, con la serie Negra y Roja por ejemplo:




En estas estampas, y hasta bien entrados los años 50, es fácil constatar como el paso del tiempo ha dañado el papel, envejeciendo su color de, supongo, un blanco matizado en crema, al clasico color de papel viejo quemado, de un ocre con un velo  un poco marrón. Hay presencias neutralizadas de hongos, óxido y, en algún caso, la diferencia de color de un paspartou que produce un recuadro dentro del marjen del papel. Este envejecimiento del papel en el caso de las estamaps más abigarradas en blanco y negro no produce una interferencia seria, pero en las estampas posteriores a la estancia de Miro en el taller de Hayter en New York en 1947, en las que hay sutiles masas de azules, amarillos y otros colores, la presencia del color del papel destruye la elegancia que debieron tener inicialmente estos trabajos. Es por eso que en ciertos aspectos es una exposición difícil de ver, sobre todo para espectadores no amantes del grabado, de Miró o apasionados del Arte. Aún así ver este "paso del tiempo" sobre el papel da que pensar.

A pesar de lo dicho es una exposición con puntos muy interesantes que hacen aconsejable la visita.  Hay series, sobre todo al final, de un gran nivel y donde, en el caso de la calcografía, si que Miró llega a un manejo de la técnica destacable. Además son series poco expuestas, al menos yo no las había visto nunca. La serie de gigantes de 1960, un conjunto de 6 aguatintas de gran formato, junto al pájaro del paraiso (1963), conectan a Miró con el informalismo, el Art brut o el expresionismo abstracto norteamericano:













Planchas de 80x60 CMs aproximadamente.










Hay otra influencias que se entreveen, como la del arte de la caligrafía japonesa, o juegos de combinatorias de planchas estampadas en diversos órdenes, colores y sentidos que dan algunos resultados felices.
Visitar esta exposición te hace ver también, por la notoria ausencia de público (Fuí un Sábado una hora y media antes del cierre del Museo, y prácticamente vi todo el conjunto con 4 o 5 personas más), cómo sigue siendo posible disfrutar de la contemplación del Arte alejado de los tropeles masificatorios como el comentado hace poco en ocasión de la retrospectiva de Dalí en Madrid a nada que uno tenga intereses concretos o una actitud activa en la contemplación. Es, digamos, una exposición sin espectacularizar, no hay que hacer cola ni temer por estorbar a nadie si te paras más de 10 segundos o 10 minutos ante una obra. Un lujo.

Posiblemente esta exposición se explica por una falta de presupuesto en la Fundació Miró -todo lo expuesto son fondos de la propia Fundació- y de ahí la discreta promoción y el exiguo discurso curatorial con la que se nos presenta, pero esta discreción podemos interpretarla  a la vez como su atractivo.

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