domingo, 24 de febrero de 2013

Precio y valor (2)

En el nº 345/346 de la revista de Literatura Quimera  hay una entrevista al escritor Félix de Azúa en la que podemos leer lo siguiente:

Pregunta de Quimera: Tu propuesta (aquí y en otros textos) es el que la obra de arte aproveche lo que denominas su "enorme fuerza" para "competir en tanto que mercancia". En este sentido, pareces el único convencido de la capacidad del arte de competir como tal con otras mercancias comunicativas y pseudoartísticas; de hecho (y esto es lo notable) la discusión sobre la supuesta "decadencia" del arte y de la cultura parecen esgrimir como argumento principal el descenso de las ventas de libros, entradas de cine y discos. ¿Puede realmente el arte no afirmativo ser evaluado de esa manera?

Respuesta de Felix de Azua: Bueno, hay mucho cursi que ahora lamenta que el arte actual está muy "mercantilizado", pero ¿Cuándo no ha estado mercantilizado el arte? !Por favor! Dime no ya un siglo, dime un año. El Arte siempre ha sido "la" mercancía perfecta. Y es un modelo para las mercancías modernas. La primera reflexión extraordinaria sobre este asunto es la de Charles Baudalaire, que va a la Exposición Universal de París y ve en una enorme sala una locomotora sobre un pedestal y la compara con los guerreros persas de los frisos antiguos; él es el primero que entiende cierto tipo de arte como una mercancia o la mercancia como arte, con su pedestal escultórico. (1)





Robert Hughes también, en su artículo sobre Arte y Dinero ya citado en Precio y valor (1) , nos advierte de lo mismo:  Desde el punto de vista de la historia no puede haber discusiones, el dinero favorece el arte. Todas las épocas en las que ha habido sociedades con una economía pujante han dado lugar a un arte floreciente.

Pero más allá de esta constatación, la de que el arte se rige por criterios económicos iguales a cualquier otra mercancia en tanto que tal mercancia,  existe la sensación generalizada de que en el precio del arte se ha excedido la barrera de lo razonable.Curioseando por Internet se pueden ver multitud de artículos donde se teoriza sobre cuales son los motivos y que factores influyen en el precio del arte. Por ejemplo este.O bien otros donde se denuncia el exceso, aunque en ese caso, es muy común que se encuentre el exceso en el arte contemporaneo, es decir, que en realidad lo que se denuncia es un precio inmerecido en ese caso. Por ejemplo este artículo. Tambien podemos poner números concretos a la desmesura, en un Ranking de las pinturas más caras.




El nº 5 de Jackson Pollock, con sus 140 millones de Dolares, es particularmente polémico por su  falta de intención compositiva, metafórica o de representación. Es decir, que -como he dicho- para algunos en el caso de esta obra el precio es injustificado porque es una obra sobrevalorada (se argumentan, en el origen de la apreciación de la obra de Pollock y del expresionismo abstracto en general, motivos políticos: la necesidad propagandística de EEUU durante la guerra fría de tener un Arte propio superior en prestigio al del resto del mundo, basado en la individualidad extrema por encima del colectivo, todo ello una metáfora de la pugna ideológica entre el capitalismo y el comunismo. Aunque la fecha de venta de este record, el 2006, deja un poco lejanas a esas razones), pero no lo sería en el caso de otras, generalmente estilísticamente opuestas.

A mi nada de esto me convence. Me parece que, pasada una cierta cifra, el precio siempre es injustificado, con independencia de si se trata de un Hirts, un Van Gogh o un Da Vinci. Ahora lo fundamental al fijar un precio no es el valor artístico, es la libertad de quien dispone del dinero de acceder a pagar, y en esto simplemente no hay límite. Lo que hay que preguntarse es cómo es posible que haya alguien que pueda gastarse 100 millones de dolares en un cuadro porque, con respecto a su renta, ese dinero no es una cantidad grande. El tiburón de Hirst por ejemplo, vendido por 12 millones de dolares, no fué demasiado costoso desde el relativo punto de vista de su comprador, ya que 12 millones es el dinero que ganaba en el momento de su compra en 3 o 4 días (2).




Así pues el precio del arte es un reflejo de cómo se reparte la riqueza en nuestro sistema económico, y esto vale para todos sus segmentos, concediendo a algunos artistas y obras un enorme valor y un precio ilimitado frente a otros, la inmensa mayoria, cuyo valor es mínimo y el precio de su producción ridículo. No quiero decir con esto que no haya diferencias de valor, quiero decir que las diferencias de valor artístico cuando se traducen  a diferencias en un precio de mercado estas revelan  las diferencias de clase que caracterizan nuestra sociedad.  Y esto es algo estructural, una violencia estructural se podría decir.  En este sentido el artículo más interesante que he leido por Internet es este. Su autor  Octavi Comeron situa los dos juicios más recurrentes con respecto al precio del arte (es decir, que no está justificado en su inflación o que si lo está)  con respecto a las dos tradiciones filosóficas a las que nos remiten:  la Crítica del Juicio de Kant en el caso de los que condenan el caracter especulativo del mercado del arte y los primeros escritos de Adam Smith en el caso de los que aprueban este carácter especulativo. Otro de los puntos interesantes de este artículo es las concepciones que se explican sobre la función del Mercado, extraidas del análisis de Michel Foucault. Así, en el marco de la modernidad racionalista, el Mercado es concebido como un instrumento cuya función es descubrir el verdadero valor de las cosas, mientras que en la etapa premoderna el Mercado era un instrumento que impartía Justicia. Comeron señala lo extraño de esta segunda idea, si bien esta extrañeza se podría aplicar a ambas concepciones, que desde la actualidad no podemos ver -en mi opinión- sino como  intenciónes teóricas. Seguramente ahora habría que enunciar una nueva función por la que el Mercado se rige, y de la que el mercado del Arte sería un reflejo espectacularizado. Con esto, y recordando a Lyotard, no hemos de olvidar que estas teóricas funciones del Mercado, incluso en el caso de que sean excluyentes, se pueden dar a la vez en la realidad en diversas medidas o contextos diferentes, aunque haya alguna de ellas que sea la propia del discurso dominante.

La función que tiene el Mercado como instrumento de lo social  ¿Puede alguien creer ahora que es hallar la verdad del valor o el valor justo de las cosas?  Hay gente que piensa que es así, quienes quieren hacernos creer que es así o quienes piensan que tendría que ser así. Pero mas bien parece que el Mercado se riga por otras intenciones que nada tienen que ver con la Justicia o con la verdad. Una posible función sería concebir al Mercado como un instrumento de satisfacción individual de los deseos, en los que ni la justica ni la verdad cumplirían necesariamente un papel. El valor máximo, su principio ideológico rector, sería, citando a Lipovetsky y su Hipermodernidad, la satisfacción de los deseos del Neoindividualismo narcisista en el que estamos inmersos.


El magnifico Narciso de Caravaggio



Es para pensarselo.




(1) Nº 345/346 de Quimera. Pags. 28-29.

(2) Thompon, Don. El Tiburón de doce millones de dolares. Ariel 2009.



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