domingo, 26 de agosto de 2012

El valor del contexto

En la entrada anterior, y ya en otras ocasiones, hice mención a la idea de que "Cualquier cosa es Arte". Esta frase es muy controvertida: hay quien la defiende a capa y espada y al contrario, quien la condena sin ningún matiz. Sin embargo, más allá de lo que pensemos, esta idea es una idea que ha triunfado y que está presente, o lo parece al menos, en las exposiciones que desde algunos museos, instituciones, galerias y colecciones se nos presentan. Afirmar que cualquier cosa puede ser arte parece una postura pragmática pensada para responder a la imposibilidad de hecho de establecer un canon que abraze todas las manifestaciones consideradas Arte. Es como si los teóricos, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre donde situar las fronteras, hubiesen pensado que es mejor ver las cosas desde fuera, y así encontrar una definición que incluya cualquier manifestación posible de Arte. La Teoria institucional del Arte, en sus distintos enunciadores, en especial George Dickie, es la manera externa de encontrar una definición a la que no escape nada.
 Si decimos:
 -Hay un contexto, el del sistema del arte, en el que "Aquello" que se produce es Arte.
 Con independencia de qué sea "Aquello", pues ya lo tenemos, ya está cualquier cosa dentro de la definición. Lo malo es que decir eso es no decir casi nada. Es como si llegase un extraterrestre y, desde su nave, observase a los humanos y dijese. Bien, aquí hay algo que llaman Arte, que es aquello que llaman Arte, y hay algo que llaman ciencia, que es aquello que llaman ciencia, y así con todo...
 Lo importante, sin embargo, es tratar de responder en primer lugar por qué llamamos Arte a unas cosas si y a otras no. Hay que dejar claro que existen unas razones para que algo sea Arte, pues si no del mismo modo que lo es podría no serlo. Si no existiesen motivos concretos entonces podríamos pensar que del mismo modo que "Cualquier cosa es Arte" tambien "Cualquier cosa no es Arte". Una situación muy líquida, que me recuerda a esa famosa instalación de Nedko Solakov, A life(Black and White) en la que, en una habitación, un pintor pinta las paredes de blanco y otro, a continuación, las pinta de negro:




          (Así es como se puede ver  en la Fundación  Serralves, en Oporto, hasta el 28 de Octubre, al parecer a estos Sísifos les da tiempo a cuarenta vueltas diarias)


Lo malo de la Teoría institucional es que, si bien puede detallar enormemente los mecanísmos de institucionalización del arte, no nos dice nada de los contenidos y su valor. Es decir, responde al cómo,  pero no al Por qué.

En segundo lugar habría que responder  a otra cuestión igualmente importante, que es determinar cual es el valor de un contexto determinado en este "Sistema del Arte". Es decir, de nuevo un "Por qué":
¿Por qué vale más una opinión que otra, por qué más un lugar expositivo que otro? Al igual que existen unas razones que determinan qué es o no Arte según a quien preguntemos, existen unos motivos para que unos lugares o unas razones sean más dignos de atención que otros. Nunca estamos ante un contexto Neutro. La cuestión entonces se desplaza hacia los criterios en los que sustentamos la desigualdad. El contexto tiene un valor. El valor aceptable tendria que ser el de la explicitación y discusión crítica en términos de igualdad de las razones que nos inducen a sancionar algo como arte, aunque hay que admitir la dificultad que ello conlleva (¿Para eso están los expertos?).

 El valor inaceptable es que desde la institución se sancione algo como arte sin aceptar discusión alguna, precisamente amparandose en la importancia, en el peso, de la propia institución. Si presentamos una instalación en un contexto no artístico cualquiera se sentirá legitimado para la crítica. En cambio si la presentamos en un Museo de Arte la crítica es muy difícil. Lo que pasa entonces es lo contrario, que cualquier critica se convierte en ilegítima o es entendida como retrógrada.  Entonces se trata de si entendemos la artisticidad de la obra o no. La institución nos ayuda presentandónos el contexto en el que la obra se vuelve significativa, pero esta presentación tampoco es neutra.
Muchas veces cuando paseo por las salas de una exposición de un artista multidisciplinar contemporaneo (porque lo que posibilita que cualquier cosa sea arte es que no hace falta conocer disciplina alguna, y esto  facilita enormemente la multidisciplinariedad) me llama más la atención la tecnología con la que se presenta la obra que la obra en si misma. Un ejemplo, las preciosas máquinas con las que se reproducen cintas de cine de contenidos -a mi juicio- insípidos:




Contenidos en los que en la mayoría de las veces, aunque me leo pacientemente todo el texto de justificación teórica que los acompaña, toda la contextualización histórica y biográfica, no me parece ver casi



jueves, 9 de agosto de 2012

Repeticiones (3)

Leí hace tiempo un libro de Gertrude Stein, Ser Norteamericanos en el que la Repetición juega un papel principal. Recordemos la frase que Stein ha dejado a la posteridad: " Rose is a rose is a rose". Una rosa es una rosa es una rosa. Ser Norteamericanos es un libro que lleva este lema a sus últimas consecuencias. La historia es la de dos generaciones y dos familias, el hecho principal el enlace matrimonial entre dos de sus miembros. Esto, sin embargo, pasa a un segundo plano ante el despliegue estilístico de la obra. La autora repite incansablemente páginas y páginas añadiendo pequeñas variaciones a lo escrito, avanzando en la trama muy léntamente, y bifurcando la narración en toda una serie de personajes secundarios. El efecto que consigue es hipnótico y agotador para el lector. En el prólogo se nos dice que poca gente ha leido este libro, y casi nadie lo acaba (yo entre ellos).  He recordado este libro porque retrospectivamente su estilo me ha parecido similar a la estampación de una edición, donde la repetición introduce variaciones a medida que se avanza, pequeñas variaciones, y porque me ha parecido una buena metáfora para explicar que sentido tiene la repetición en el Arte. Recordemos la tercera pregunta de Repeticiones(1):

¿Qué papel juega la repetición en la pintura o en el arte en general?


               (Instalación de Yayoi Kusama, una artista obsesionada por la repetición)


Existe una cuestión básica, que es cómo aprendemos. Aprendemos imitando, aprendemos repitiendo. En cualquier tipo de entrenamiento se dan estos ingredientes. En su búsqueda de condensación del sentido el artista se repite buscando la perfección. Recordemos a Marcel Duchamp y su idea de que un pintor pinta 3 o 4 cuadros realmente importantes durante toda su vida. El resto son intentos fallidos para llegar o esperanza -casi siempre inútil- de conseguir otro hito más. Y en todo esto la repetición es fundamental. En contra de la idea de genio del Romanticismo la realidad nos indica que lo que da poder al artista no es la inspiración, sino la rutina del trabajo constante. Una rutina concentrada dirigida por una intención creativa, el alumbramiento de una nueva posibilidad, una posibilidad libre, como explica Jose Antonio Marina en su Teoria de la Inteligencia creadora.

EL grabado tiene como parte de su funcionalidad historica la repetición. La repetición, sin embargo, es un concepto muy amplio, que dependiendo del contexto significa algo concreto. Así la repetición propia del grabado ha sido la difusión de imágenes y textos. En el grabado artístico primero una forma económica de coleccionismo, la edición y la repetición de la estampa; más tarde otras cosas influido por la progresiva abolición de los límites en la Modernidad. La repetición como Ritual, como concepto, como proceso, pueden hacernos pensar que, finalmente, cualquier cosa es tambien obra gráfica, siempre que sea múltiple. En Repeticiones (2) ya señalé el caso de Estampa y su transformación en un evento de Arte múltiple.
Amparados en esta dilución de las fronteras de lo múltiple hay quien puede plantear que cualquier múltiple es, finálmente, obra gráfica...


          ( ¿ Si una multitud de personas es un multiple humano, es pues obra gráfica?)


Acabo aquí para no repetirme, no sin antes recordar al gran Robert Hughes, muerto este pasado Lunes.